miércoles, 29 de septiembre de 2010

RECONSTRUYENDO LA SEGURIDAD PÚBLICA

LA EVOLUCIÓN DEL ACCIONAR POLICIAL
Todo Estado Moderno, cuenta sin excepción con agencias de control y coerción legitimada desde la propia lógica del poder (Policías y Fuerzas de Seguridad, Nacionales, Estaduales, Municipales, Militarizadas o no), fundamentadas en los instrumentos legales que han sido consensuado y aceptados por todos los ciudadanos, a través de sus respectivos representantes (diputados y senadores nacionales y/o provinciales). Estas organizaciones de carácter verticalistas, algunos de tipo militarizada, otros más bien de tipo civil, como es el caso de la policías provinciales, no siempre han tendido la misma forma de organización como hoy se las conoce, tampoco su filosofía de trabajo ha sido las que rigen en el presente. Sin embargo ha tenido visos de estar siempre cumpliendo y desenvolviendo su tarea de la misma forma, hoy como antaño.
Pero no se debe confundir, en el análisis institucional que se practique a cualquiera de estas policías latino americanas, en su carácter de institución encargada de hacer cumplir la ley, las mismas han ido mudándose con el transcurrir del tiempo; determinado por los paradigmas imperantes de la época, o lo que es lo mismo las ideologías que subyacen en el colectivo dominante o grupo hegemónico que ostentaba el poder político del Estado.
Así, por ejemplo, tenemos en las primeras épocas de la construcción de los Estados, cuando comienza la emancipación de la dominación española, cada Estado, se han ido configurando lenta y gradualmente en base a su propia idiosincrasia; esto es, su estilo de vida, su cultura, sus costumbres, su gente en cuanto a la interacción social que se han generado entre los llegados de España, los primitivos de la tierra, los nacidos en estas nuevas tierras colonizadas, sus creencias religiosas, etc., conforme su propia lógica del devenir histórico particular. Es así que se fueron plasmando nuevas organizaciones determinadas por estos factores, incluyendo la configuración del propio Estado Nacional, Provincial y Municipal, por lo que en igual sentido se han ido conformando sus propias policías con objetivos similares, pero distinta en su estilo de trabajo, y organización. Si bien en el fondo todas estaban definidas por objetivos comunes, esto es el cumplimiento del cuidado del orden, la tranquilidad y la paz social, propendiendo a la protección de los bienes y derechos universales del ciudadano.
Pero por otro lado, no siempre han cumplido acabadamente con estos objetivos supremos asumidos por el Estado desde el nuevo contrato social del que somos herederos, como civilización que se nutre de las fuentes de la Revolución Francesa, en cuanto se refieren a las garantías y derechos del ciudadano. Es así que las primeras organizaciones, se han ocupado con mayor énfasis en custodiar las instituciones recién nacidas productos de la emancipación americana, y por ende a los sujetos artífices de estos cambios, llegando a confundir sus objetivos, de que su más alta prioridad debía ser el de garantizar los derechos (protección de bienes y demás derechos) del ciudadano en general, y no como lo han hecho, solo proteger, cuidar y velar por el bienestar de los funcionarios (políticos y demás miembros) de los Estado recién independizados.
Tal vez, todo esto fue necesario en un principio, pues nadie niega, mediante el análisis de la historia particular de cada país, que hubo todo tipo de asonada y movimientos tendientes a recuperar el statu quo, en el intento de mantener los privilegios de la clase dominante o hegemónica preexistente (realistas y adherentes al viejo sistema). Pero, muchas de las organizaciones o agencias de coacción (Policías) se han quedado instalado en esa antigua filosofía de trabajo, aún cuando ya habían pasado mucho tiempo, y habiéndose consolidado la independencia, convirtiéndose de este modo en "fuerzas de choque", del político de turno que no siempre llegaba, o se hacían al poder, a través del "voto popular" y de control social, ya que muchas veces lo hacían con escasa transparencia que exigía el momento.
En el peor de los casos, estas fuerzas policiales que pertenecían al Estado Moderno, para velar por el bienestar de todos los ciudadanos y también para garantizar el funcionamiento democrático conquistado con mucho dolor y sufrimiento incluso con sangre derramada de muchos revolucionarios independentistas (ciudadanos en definitiva); fueron utilizadas en forma antojadiza para el disciplinamiento social, esto es reprimir cualquier tipo de reclamo legítimo que naciera de las clases sociales más bajas y/o de grupos de trabajadores explotados por empresas o negocios en las que generalmente estaban implicados ciertos poderosos (Políticos en el poder)que tenían intereses (factores económicos de por medio), que pretendían que se las proteja.
También no se debe olvidar que las primeras instituciones del orden, han nacido al amparo de las fuerzas militares, por lo que también éstas instituciones, le han transferido su impronta castrense, lo que no es poca cosa. Pues, pensemos que la formación del soldado (militar) es para la guerra, es decir deben estar preparados para enfrentar enemigos a los que hay que eliminar, o sea matar; lo cual también ejerció una fuerte influencia en los policías, cuya misión es como se dijo proteger a las instituciones y a los ciudadanos en todos sus derechos, tal como lo tiene definido la Declaración Universal de los Derechos del Ciudadano, y no llegar al extremo de matar, salvo autorizadas excepciones permitidas por la ley, cuando se trata de la defensa legítima de la vida de un tercero o de sí mismo. A ello se debe agregar, y esto haciendo una distinción entre el origen de la policía inglesa o británica y la policía latinoamericana, la cual es heredera de la policía europea o napoleónica, estaban organizadas en oficiales y suboficiales, y esto es ni más ni menos que otra herencia del tipo militar.
De este estilo de organización, muchos especialistas e investigadores opinan, hoy, que tal distinción no beneficia en nada a las agencias de control del Estado, sin embargo, creo que esto permite a los niveles superiores de la institución como al Poder Político de turno, ejercer un mayor dominio sobre el quehacer de sus miembros, pues le garantiza una obediencia casi ciega respecto a órdenes y directivas, que no siempre son legítimas y ajustadas a derecho. Esto lo vamos a describir más adelante.
Como tiene dicho Raúl M. Chevez, nuestras policías latinoamericanas nacieron junto con las respectivas naciones emancipadas con todos los prejuicios y errores del momento, no obstante fue verdaderamente útil para la conformación exitosa de los nacientes países. Pero una vez consolidados como países independientes, libres de toda injerencia interna como extranjera, no se han generado los cambios necesarios para ajustarse a los nuevos tiempos. Entonces tenemos una policía que no cambió casi nunca su estructura ni su funcionamiento o trabajo específico.
Máxime teniendo en cuenta, que una vez los países ya consolidados sin amenazas algunas, y habiéndose conformado una clase política en homeostasis con la casta militar (heredera de una nobleza decimonónica), en la que se incluyó tímidamente la de los policías (oficiales superiores), por sus servicios prestados con lealtad fueron dejados o confiados el autogobierno institucional a los jefes-caudillos respectivos de estas instituciones (Marcelo F. Saín), siempre que estos últimos cumplieren con los designios (antojo) de la clase política dirigente o dominante. Esta es la etapa llamada, como lo define Chevez, Policía en el Estado Nacional. Entonces vemos que no es casualidad que hasta hoy en día ciertos políticos aviesos en ejercicio del poder sigan utilizando a las fuerzas policiales en forma solapada para sus propios intereses soslayando las necesidades e intereses del pueblo. Hay sobrados ejemplos de lo que se afirma en este apartado.
Este modelo de policía fue muy útil en todo este proceso, por lo que no fue necesario realizar cambio alguno, y representó toda una ideología que derivará en una nueva cultura impuesta por la clase dirigente, poseedora del poder político y económico hacia el resto de la población. Así se sentaron las bases jurídicas para una sociedad violenta, donde unos pocos satisfacían sus intereses a expensas del resto de la población. El protagonismo oligárquico en este proceso, construyó primero y se valió después, de una serie de estructuras, entre las que se ubicó nuestro modelo policial, como también el de la instrucción pública, el modelo de salud, el de una justicias corporativa, lamentablemente aún vigentes, generando y tolerando la coexistencia de dos países en un mismo territorio, el legal y el ilegal. Respetando la ley pero con muchas excepciones.
A este modelo le siguió el Modelo de Estado Benefactor, verificado en la década del 40 y reeditado en los años 70, el cual se caracterizó por orientar el ejercicio del poder político hacia el espectro social. Si bien se constituyó como un modelo de inclusión social que comprendió y movilizó a amplios sectores de la población, la metodología empleada lo llevó a situaciones comprometidas y reñidas con los aspectos básicos de toda democracia como la falta de representatividad de las minorías, derivando lógicamente, en reiterados reclamos y conflictos sociales.
El aparato policial, intacto y con la doctrina del modelo anterior, paradójicamente sedujo al modelo Benefactor, resultándole apto y muy conveniente para responder y aplacar estos reclamos y/o contener los conflictos suscitados, apoyándose en un vigente corporativismo jurídico dogmático, también heredado y permitiéndole continuar con un control y disciplinamiento social, acordes al grado de conflictividad social emergente.
Le sigue el Modelo Burocrático- Autoritario que hace su aparición en las décadas de los 60 y 70 aproximadamente, siendo una mezcla perversa de intereses financieros internacionales con un alto grado de intelectualidad mecanizada pero con una propuesta concreta y necesaria para su puesta en marcha y mantenimiento: la contención y la represión popular.
Pero, necesitó de una corporación que lleve a cabo estos preceptos; y qué mejor que la policía, otrora creada para fines similares y formando parte de ese Estado que se pretende imponer para transformar la vida ciudadana. Pero la realidad sociopolítica, sobre todo a partir de la década de los años 70 modificó la operatividad policial, verificándose un absoluto repliegue de personal y recursos logísticos hacia sus dependencias (los policías cumplían sus turnos en las comisarías y demás dependencias con casi nula relación policía-comunidad), provocando la pérdida del contacto diario con la gente, su aislamiento y el descontrol ciudadano a la vez que una cuota muy significativa en el fracaso de su lucha contra la delincuencia.
Sus acciones, condicionada ideológicamente desde el gobierno que usurpaba el Estado, para dar una respuesta armada hacia los movimientos terroristas, se hicieron cada vez más agresivas y represivas a la vez que indiscriminadas, llegando hasta niveles de crisis institucional inmanejables y con marcado desconocimiento funcional, lográndose para todo caso, la victimización de grandes y diversos sectores de la población como periódicas ocupaciones territoriales.
Finalmente llegamos al actual modelo, que intenta construir un Nuevo Estado sobre la base de racionalizaciones y profundas transformaciones. Se advierte que pretende cumplir con la premisa democrática de la representatividad, mas tiene serios inconvenientes con la participación integral de la población. Efectivamente, los fuertes y continuos ajustes en el plano económico, basados en la cara oscura de un neoliberalismo perverso y con influencia en todas las áreas de la vida comunitaria; construyen y sostienen un modelo de exclusión que abarca a grandes y diversos sectores de la población, derivándose inevitablemente en conflictos sociales.
Esta ya es historia muy reciente de nuestro país, la Policía comenzó a tomar otro rumbo, por lo menos desde el punto de vista legal, pues a partir de la sanción de la ley de Defensa Nacional y el de Seguridad Interior, se puso en claro la distinción en cuanto a las obligaciones o competencias de las Fuerzas Armadas y las Fuerzas Policiales, toda vez que establece claramente que las primeras están avocadas a la protección de la Soberanía Nacional ente un posible agresión externa, en tanto que las Fuerzas Policiales Nacionales y Provinciales ejercerán la protección y resguardo de la libertad, la vida y el patrimonio de los habitantes, sus derechos y garantías y la plena vigencia de las instituciones del sistema representativo, republicano y federal que establece la Constitución Nacional, (Art. 2, Ley 24059/91). Con estas leyes se excluyen mutuamente, en los ámbitos de actuación, las respectivas fuerzas militares y policiales.
Avancemos más en el tiempo, y hallamos el intento y esfuerzo por parte de ciertos organismos estatales (Secretaría de Derechos Humanos y de la Subsecretaría Seguridad Interior) y no gubernamentales a través de distintos programas y realización de debates y seminarios con la participación de todas las policías provinciales en las que se han puesto a consideración los postulados fundamentales por las que deberán regirse nuestras fuerzas policiales en el cumplimiento efectivo de sus actividades. Construyendo y proponiendo nuevas estructuras orgánicas para las policías nacionales y provinciales, como lo estuvo haciendo el PRONACAP (Programa Nacional de Educación y Capacitación de las Fuerzas Policiales y de Seguridad), en la que asistió y participaron todos los centros de formación y capacitación de las Policías Provinciales y las Fuerzas de Seguridad Nacionales.
Ello permitió arribar a novedosos resultados como propuestas de que contar con policías preparados profesionalmente para una real democracia era necesario una mayor capacitación y actualización en los nuevos paradigmas de la prevención y control del delito, en las que la policía se constituye en un eslabón más del sistema de seguridad que debe ser implementada por el Estado, con la participación activa de todos los estamentos sociales (en la que debe intervenir lo público y lo privado). A tal fin se elaboraron proyectos y propuestas de novedosas currículas y carreras afines con la función policial, como ser la licenciatura y tecnicatura en Seguridad Ciudadana, con asistencias en forma de externado o con internado completo para los futuros oficiales y suboficiales. También se discutieron si era aceptable que se continúe con esta diferenciación entre personal de oficiales y personal de suboficiales, sus ventajas y desventajas, etc.
No obstante, de los debates que se llevaron adelante, en cada encuentro puedo afirmar desde mi punto de vista y análisis particular, que existe una fuerte resistencia por parte de un gran colectivo de policías provinciales que no están todavía imbuidos de los nuevos paradigmas de la prevención y el control del crimen. Prefieren seguir con el viejo estilo de organización y funcionamiento de las instituciones policiales, no obstante haber mostrado sobradamente su fracaso para la tarea que le ha encomendado la sociedad o comunidad, la de conjurar el crimen en todo los campos de la actividad humana.
A pesar de ello, hoy casi todos las policías de la región, empieza a ver que el control de la (in)seguridad, en las calles y espacios públicos, les demanda demasiado medios y recursos tantos materiales como humanos, por lo que empiezan a preguntarse cómo se podrá conjurar el delito, al tiempo que se dan cuenta, que no tienen descanso en sus turnos de guardias, que no les alcanza el tiempo, y los medios con los que se disponen. Y es que de haber estado replegado en sus respectivas dependencias (comisarías y otras unidades operativas), otrora con el modelo burocrático autoritario, hoy ya no es posible este sistema; la sociedad toda les está demandando que deben estar en la calle para contrarrestar la inseguridad reinante. Esto hace que le falte tiempo y medios para cumplir con su misión, por lo que percibe que necesita del acompañamiento de la comunidad en general, es decir que está compelido por los avatares de su actividad en la vida urbana a recurrir al modelo que los especialistas denominamos, Policía Comunitaria o Ciudadana. Que no es solo un nuevo concepto sino un estilo y filosofía de trabajo en donde se requieren de participación activa y la confianza de la gente, para lo cual se debe ganar cada día con el propio accionar o conducta policial, y en muchos casos con la rendición de cuentas o accoutability.
Para finalizar, podemos afirmar que tenemos las leyes, contamos con buenos proyectos, existen en algunos políticos con buena voluntad para acompañar tales cambios, y también el acompañamiento de muchos policías y de gran parte de la sociedad que esperan un mejor desempeño de la seguridad, es decir de su policía y el Estado, solo falta ajustar los cambios organizacionales y funcionales del mismo modo que lo ha venido haciendo el Estado en otros estamentos, olvidándose de un sector de vital importancia en cuanto a la necesidad de contar con un sistema de seguridad pública proactiva que favorezca la vida en comunidad sin temor de ser objeto del crimen, y un poco más de esfuerzo en la capacitación y concientización de estos nuevos estilos de trabajo, con un modelo de policía de prevención que articule con las demás instituciones del Estado (salud, educación, justicia, etc.) para acompañe, guie, vigile, defienda, imponga reglas, normas y leyes a la ciudadanía, dentro del absoluto e irrestricto respeto del estado de derecho, sin menoscabo de la dignidad de persona a quien va dirigido todas las acciones del Estado. Esto permitirá que nuestra Policía sea una Fuerza Democrática cuya función o misión principal sea la defensa de los bienes y derechos de todo ciudadano, cualquiera sea su condición de raza, religión, clase social, género, etc., antes que cualquier interés ajeno a la comunidad en general. Recordando el Art. 22 de la Ley de Seguridad Interior que dice: “Los cuerpos policiales y fuerzas de seguridad que integran el sistema de seguridad interior, no podrán ser empeñados en acciones u operaciones no previstas en las leyes de la Nación".

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