miércoles, 7 de mayo de 2014

COMO ESTÁ LA FORMACION POLICIAL

LA FORMACIÓN DE LOS POLICÍAS

El Gobierno Provincial y la Institución Policial, desde hace ya varios años viene incrementando el número de personal Policial en Corrientes, en base a ciertos criterios y parámetros de selección para su incorporación, hasta ahora ha sido una iniciativa de un Estado que demuestra, de esa manera, su preocupación por la seguridad de todos los correntinos. Pero veamos algunas cuestiones que la hacen de dudosa factura la formación profesional de los efectivos de la fuerza policial.

Los planes de actividades académicas, la instrucción para convertirse en Suboficial de la Policía duraba de seis u ocho meses(hoy es de dos años) académicos, pero estos se realizan o desarrollan en lugares hasta hoy difícil de comprender, por la precariedad y la masividad, lo cual atenta con la actividad de formación e instrucción de los futuros policías. Sabemos que tal formación se divide en tres etapas fundamentales, por un lado lo académico teórico, otro los temas teórico-prácticos y una tercera exclusivamente de práctica profesionalizante. El plan de estudios que comprenden estas dos primeras etapas de formación académica, la primera es de formación general, y la segunda de formación especializada y la tercera o última etapa, es de carácter práctica técnico-profesional que realizan los alumnos en las comisarías y unidades especiales.

Para el caso de los Oficiales de Policías, es decir los que son graduados de institutos superiores, la preparación dura cuatro años, llevados a cabo mediante una planificación similar pero de mayor profundidad en los estudios teóricos académicos así como los teóricos prácticos que abarcan tareas especiales de seguridad. Ésta, planificación se estructura en tres dimensiones del conocimiento: las materias Jurídicas, las materias policiales y las materias humanísticas. Finalizando con prácticas profesionalizante que lo realiza el futuro oficial de policía en distintas unidades policiales a cargo de un instructor.

En este tiempo, el potencial efectivo policial asiste a los cursos de procedimientos operativos policiales, legislación policial, armamento y tiro, criminalística, técnicas y procedimientos policiales, técnicas de arresto, registro de personas y detención, artes marciales, relaciones humanas (policía-comunidad), relaciones policiales y protocolo social, derecho penal, etc. Además de los cursos propios de cultura general, entre otros. Al finalizar los cuatro años de formación, instrucción y preparación, el alumno egresa como Oficial Subayudante de la Policía de Corrientes con el título de Técnico en Seguridad Pública y Ciudadana, y en condiciones de cumplir su tarea (seguridad) en cualquiera de los destinos que le asigne el Comando Superior; al igual que el Suboficial de Policía con el grado de Cabo de Policía, con los conocimientos básicos de calle, es decir en condiciones de afrontar los conflictos comunes de la vida cotidiana en la vía pública.

Sin embargo el problema es que este formato normal que se viene aplicando, están seriamente dificultadas por una serie de falencias organizacionales, de infraestructura y económicas que configuran serias deficiencias para la formación actual de la Policía de Corrientes. Las Promociones de Policías que vienen egresando de los Centros de Formación de policías (Escuela de Cadetes -Instituto Superior de Formación Policial, Escuela de Suboficiales y Escuela Superior) cumplen escasamente con los planes programáticos, a causa de las carencias indicadas, generados muchas veces por las condiciones de inestabilidad social en que viven hoy nuestras sociedades en las que los valores de honestidad, honradez, responsabilidad, están muy devaluadas, a causa del facilismo, consumismo, edonismo, etc., que afectan por igual a las sociedades latinoamericanas. Por tanto no se cumple en su totalidad con los planes programáticos y curriculares de formación e Instrucción correspondientes.

Si el policía no ha tenido una adecuada formación académica - policial durante el proceso de instrucción que consolide su naturaleza policial o doctrinaria, difícilmente lo va a conseguir en el servicio por cuanto al no comprender ni internalizar el significado de ser policía, ni los problemas que afectan a la comunidad, su corta estadía en los  centros de Formación y el rápido retorno a su vida pasada (de escasa disciplina y orden), lo convierten en el breve tiempo en la misma persona que fue antes de ingresar a la Institución, sintiéndose con nuevos amigos, y en el derecho y necesidad de vivir intensamente la vida, sin valorar ni siquiera la autoridad que el Estado le ha conferido; la gran responsabilidad que ahora tiene sobre sus hombros y para con los ciudadanos a quienes deberá dirigir sus servicios de seguridad.

No es hora de repartir culpas ni buscar “chivos expiatorios”, sino por el contrario tratar de hacer una evaluación profunda de las prácticas de la formación, comenzando desde el momento mismo de los exámenes de incorporación, lo que nos lleva a pensar seriamente en un aspecto de gran incidencia en la carrera, y si que lo es. ¿Qué pasa con los exámenes de evaluación psiquiátrica y psicológica, para determinar precisamente la madurez emocional del postulante, teniendo en consideración que se van a poner armas de fuego en manos de un joven con la posibilidad de utilizarlas discrecionalmente?; Y respecto de los principios morales y éticos de la función de la seguridad pública?, será suficiente la formación o debe valorarse con otros criterios? Entre otras cosas. ¿No se requiere acaso de una rigurosa selección? Porque de seguir incorporando jóvenes que no asuman con la necesaria responsabilidad, madurez, voluntad para el trabajo, disciplinado, ordenado, con valores morales de buen ciudadano, lamentablemente seguiremos viendo a los nuevos integrantes de la Institución policial con graves carencias en su desempeño policial, ocasionando daños y perjuicios no solo a la institución, sino a la sociedad toda, a la que está obligado a servir. Como contrapartida la ciudadanía toda espera y  confía en su policía, que ejercerá su función correctamente, en beneficio de todos y sin discriminación de ninguna índole.

Entonces esta situación, viene generando un daño de grandes proporciones en la Administración Policial lo que repercute directamente sobre la sociedad toda, puesto que se viene incrementando sus efectivos con personas que si bien es cierto son jóvenes, llenos de vitalidad, no tienen la correcta y adecuada formación policial ni mucho menos la madurez necesaria, la personalidad, capacidad ni el carácter que demanda el servicio policial desde sus primeros días. El comportamiento generalizado de estos nuevos Policías constituye serias transgresiones a las normas legales y a la ética profesional del policía,  los que demandan de sus integrantes un comportamiento honorable, digno y honrado, tanto en su vida pública como privada.

Pareciera entonces, que los responsables de los procesos de admisión y selección en la Policía no vienen captando o incorporando a los mejores de nuestra juventud, lo que sumado a una irresponsable, precaria y deficiente formación ocasionado por las carencias de infraestructuras y equipamientos técnicos necesarios y suficientes así como el menosprecio de la labor docente de los que tienen a su cargo su educación y formación, dado que no se convocan a Concursos de Títulos y Antecedentes de Docentes, sino que lamentablemente siguió primando la "dedocracia" del mandamás en dicha institución de formación, entre otras yerbas vienen  generando como resultado, el egreso de Policías que no se encuentran en capacidad de vestir el uniforme azul, de los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley, con todas las responsabilidades que ello implica, lo cual distorsionan totalmente la seriedad y el gran compromiso que tiene nuestra Policía con la Sociedad y el Estado, a la que deben servir a través del ejercicio de la función policial, dando lugar a que se incremente la sensación de la inseguridad ciudadana y que a la larga se irán presentando problemas mucho más graves con implicaciones probablemente de más difíciles resolución para estos nuevos custodios del bienestar de la sociedad toda, del orden y la ley.

Estos errores que se vienen arrastrando desde hace bastante tiempo, generado a veces por los avatares de las condiciones sociales e institucionales (políticas internas y externas)  requieren una revisión seria de parte de los analistas de la seguridad, policias y expertos en la materia, y con mayor responsabilidad aún de los decisores políticos, de manera tal de corregir en el menor tiempo estas circunstancias adversas para la sociedad y la propia institución policial. Pero ello requiere un diálogo serio, responsable capaz de expresar con libertad los males que aqueja al sistema educativo de formación de los policías de corrientes, no guardar nada bajo la alfombra, por temor de molestar la susceptibilidad de ciertos políticos de turno. Esa es la única forma de afrontar de cara al futuro y lograr definir con acierto el tipo de policía que quiere y exige la sociedad en general, que asuman con hidalguía su defensa de los derechos, así como su vida y bienes.

Muchas cosas podemos decir al respecto, pero si no se hace lo que hace tiempo se viene exigiendo desde los centros de formación para los futuros policías, como por ejemplo que es urgente un espacio físico adecuado (infraestructura acorde a las necesidades de la formación y no un edificio o escuela en estado ruinoso, sin la cantidad de aulas, sanitarios, instrumental didáctico, cantidad de docentes adecuado,  para el caso de los suboficiales,  no será posible la esperada capacitación para el servicio policial), por lo tanto difícilmente podamos obtener resultados positivos en la formación. A todo ello se agrega que los ingresantes no cuentan con una Beca de Estudio tal como se le es acordado a los Cadetes del Instituto Superior de Seguridad, lo que es de suma necesidad para atender gastos de bibliografias, fotocopias, apuntes y útiles escolares en general, lo que debería ser gestionado por el Comando Superior y que debería estar establecido dentro de la legislación policial, como también la provisión del uniforme, en la etapa de reclutamiento, al igual que la provisión de cartuchos para su prácticas de tiro; esto vale tanto para los Cadetes como para los Aspirantes a Cabo. Sin estos requisitos que deben ser satisfechos por la Institución Policial, es muy difícil inculcarles ideas de pertenencias a la noble institución Policial. En igual sentido se puede decir en cuanto a lo que ocurre con los docentes de los distintos niveles de formación policial, a los que no se les reconoce ningún pago por sus labores académicas, es decir a sus horas de dedicación a la enseñanza en los centros de formación, llámese escuela de Suboficiales, escuela de Oficiales o Escuela Superior, por lo que lo cual propicia falta de interés y pertenencia a las mismas.

Por eso es hora de que dejemos de hablar de profesionalizar la policía, si no contamos con las condiciones mínimas relacionadas con algunas de estas necesidades básicas, y sin mencionar otras tantas, lo cual sería engorroso enumerar en este artículo. Todo ello se evidencia la falta de exigencia que prioritariamente se necesita inculcar en el futuro Policía para que sepa en primer lugar vestir con decoro y con honorabilidad el uniforme y los distintivos de la Policía, y sobre todo, por no haber internalizado lo que significa pertenecer a una institución policial armada como es la Policía, donde la disciplina, la madurez, la personalidad y el carácter policial, al margen de ser joven o no, es fundamental en todo sentido.

Ser joven no es un pretexto ni una justificación para no cumplir con los preceptos y reglamentos policiales, por ejemplo cuando en su turno de vigilancia o consigna en vía pública, se ponen a enviar mensajes de textos con el celular, o peor aún con los auriculares de estos aparatos modernos en el oído, desatienden su función que es estar atento y alerta a toda acción que ocurre en la calle, como arrebatos y sustracciones de cosas ajenas; o también, en las oficinas de las dependencias, donde se sumergen en juegos electrónicos en horario de trabajo a través de internet o de aparatos diseñados al efecto; asimismo en ciertas ocasiones mostrarse públicamente, acompañando caravanas de motoqueros seguidores de grupos cumbieros, y participando de infracciones al tránsito y la sana convivencia (participando a veces de grescas, amenazas a simpatizantes de otros grupos), o también a través de algunos correos electrónicos y/o páginas de internet (Hi5, Facebook, Sónico, etc.). No es posible que olviden que estos visten uniforme, portan armas, tienen autoridad y representan una Institución cuyo prestigio ha sido ganado y mantenido a través de los años, por todos los hombres y mujeres que con honor, sacrificio, trabajo y superación la han honrado, la han cuidado y la han convertido en una Institución honorable de fundamental importancia para el desarrollo y el engrandecimiento de la provincia, por lo que no debe ser empañada por hechos y actos irresponsables de algunos novatos que no han internalizado las reglas y normas que imperan en nuestra querida institución, ni mucho menos por algunos hombres con cierta antigüedad institucional que caen en estas prácticas lamentables.

Los ciudadanos no solo quieren ver más policías en la calle, sino que quieren a una Policía Profesional en todo los sentidos, que los atienda mejor, que brinde respuestas a sus problemas, que si no tiene posibilidad de resolver su problema por lo menos los oriente adecuadamente y que haya un trato de confianza, que a su vez, le permita a la Policía, mejorar la información que recibe, tener una mejor percepción de los problemas que hay en determinadas zonas para poder actuar mejor. Ese es el modelo de policía que la sociedad demanda y que los policías de reciente egreso y que se autodenominan "Policías Modernos" se encuentran en capacidad de brindar a la comunidad un servicio eficaz y eficiente.

Lo cierto es que actualmente muchos integrantes (hombres y mujeres) de las promociones de Policías recién egresados, viene asumiendo una serie de actitudes que ponen en tela de juicio su idoneidad y responsabilidad para permanecer al servicio del Estado cumpliendo funciones policiales por el riesgo que ello implica. ¿De qué sirve una mayor presencia policial en las calles para “prevenir el delito” si no se encuentran capacitados, y no tienen la madurez profesional, ni tampoco tienen definidos su responsabilidad para el trabajo?, ¿Qué pueden hacer estos Policías de manera proactiva, si las infracciones o conductas que se desean evitar se produzcan en las calles para disminuir la comisión de delitos, son infringidas muchas veces por ellos mismos en su vida pública y privada y además se esmeran en hacer pública este tipo de conducta? Para peor en algunos casos son los mismos que protagonizan hechos delictivos dolosos que avergüenzan a la propia Institución Policial, cuando por los medios de comunicación trascienden ciertos hechos ilícitos en las que son cometidas por los mismos policías.

Entre otras cosas, de qué manera podrían explicar los Psicólogos, esa morbosa complacencia de quien siendo Policía (hombres y mujeres), se toman fotos para exponer su imagen pública de Policías, pero de manera grotesca, sin mayor recato ni decencia, sin respeto por sí mismos, sin respeto a la Institución Policía, sin respeto a su familia y a la sociedad en general, involucrándose como cualquier particular en este fenómeno social del cual se encuentran contagiados; a través de internet; estos "Policías Modernos" han llegado a formar y entrelazar una verdadera red de comunicación, a través de la cual trasmiten y comentan entre ellos imágenes de todo lo malo que pueden hacer durante su proceso de formación o durante el servicio policial.

Es hora que la Conducción Superior deje de mirar hacia un costado y asuma también con responsabilidad el momento crucial que les toca vivir y encarar con seriedad y madurez a los líderes políticos del gobierno sin que por ello deba enfrentarse o confrontar con los mismos, sino poniéndolos en situación de lo que está pasando, que los hechos que parecen aislados están todos relacionados con una multiplicidad de causas internas y externas (históricas, políticas, sociales y económicas), los que se inician con la selección, formación y posterior ejercicio de la profesión de policía sin atender también su contención institucional con una adecuada política de personal.

Es imperativo que lo hagamos cuanto antes, pues de seguir así no podremos jamás ganar la confianza de la sociedad correntina que hace bastante tiempo reclama un mayor profesionalismo en el desempeño del servicio policial, solo así lograremos recuperar el prestigio, honor y reconocimiento que se requiere para nuestra Institución Policial.

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