domingo, 1 de diciembre de 2013

CAMBIOS EN LA CONDUCCIÓN POLICIAL

RECAMBIO INSTITUCIONAL POLICIAL
          De nuevo, como corresponde, ya es natural en este tiempo, se producirán  los cambios en la Conducción Superior de la Policía de Corrientes, Argentina, hecho que, por cierto, es propio de la cultura institucional; por tal motivo todo el colectivo policial, incluyendo obviamente a la gran familia, están muy atentos a estos acontecimientos, el de los reacomodamientos de los poderes fácticos que la integran. Ello es así, dado que aunque se pretenda negar, pertenecemos a una organización inserta en el Estado, cuya naturaleza ha sido y es de carácter democrático y republicano, por lo que, lógico es pensar, que la periodicidad de las funciones también se extienden hacia esta organización institucional policial, aunque algunos todavía con ideas o conceptos decimonónicos pretendan asimilarse a un verticalismo exacerbado, desearan su continuidad.
          No puede ser de otra manera, los necesarios cambios están reglados por las mismas leyes y reglamentos que rigen la dinámica institucional, más allá de que algunas están aún teñidas de cierto militarismo y autoritarismo; establecen claramente los cambios que corresponde en determinados momentos o épocas del año. En el caso particular, cuando se producen los ascensos, siempre al finalizar el año, muchas veces coinciden con los cambios o confirmación de las autoridades políticas que son decididos por el electorado en forma democrática, a través del voto; es entonces cuando más se profundiza dentro de la Institución Policial, el mentado recambio de los que fueron designados para la Conducción Superior, de manera tal de que se generen nuevas expectativas hacia aquellos que serán elegidos y nombrados para acompañar y decidir los destinos de nuestra querida Institución Policial.
          Este recambio es de fundamental importancia, dado que la gestión realizada por un grupo de conductores a lo largo del ejercicio de la tarea de prevención inexorablemente se va produciendo su desgaste natural. Esto es así en razón de que las políticas institucionales, que tienen que ver con el manejo del personal; la política salarial impulsada o sugerida; el estilo de formación profesional; el nivel de participación de sus hombres y mujeres; la resolución de los problemas de naturaleza jurídica, administrativa, económica y social que se hayan tomado desde arriba, inciden favorablemente o genera rechazo hacia el interior de la institución, lo que va socavando o elevando la moral de sus hombres y mujeres.
          Todo esto, sin duda, producirá el consenso mayoritario, o el rechazo en su defecto, hacia los que conducen la Institución, lo que se verá reflejado en el trabajo cotidiano del personal. Pero en éste último caso, es muy difícil saber, incluso si se utilizara herramientas adecuadas de diagnóstico, qué tanto rechazo podría existir, dado que no es común que los efectivos policiales hablen en forma abierta y directa respecto de esta cuestión. Por eso, más allá de las simpatías políticas que pudieran tener o haberse granjeado, en toda esta gestión, hace bien a la Policía que se decidan y efectivicen los cambios.
          Dijimos que los ascensos se dan casi siempre al finalizar el año. Esto es otro dato, no menor, que merece ser analizado desde distintos enfoques. Veamos primero desde la perspectiva profesional, todos los hombres y mujeres que ingresan a la Institución han sido formados en la certeza de que la carrera comienza desde el grado de Oficial Subayudante y finaliza en el de Comisario General, por lo que aquellos que están próximos a este último grado jerárquico, lógico es que deseen alcanzar ésta última jerarquía. Es por ello, que todos hacen un gran esfuerzo durante todo su trayecto profesional en la seguridad y esperanza de que su labor y empeño por brindar y mejorar, en la medida de sus posibilidades, el servicio policial, sean reconocidos, no solo por la sociedad toda, sino también por aquellos políticos decisores que ostentan el poder en cada momento histórico. Desde lo político, en el sentido de que serán los que tomaran las decisiones, de promover y designar a los hombres y mujeres que los acompañaran en la gestión de la Seguridad Pública, y es lógico que así sea, dado que han sido legitimados democráticamente en sus respectivos puestos, pero esta situación no impide ni se contrapone con las reglas internas de la Institución, muy por el contrario, todos sabemos que es el poder político el que deberá decidir por cada uno de los que lo acompañará hacia adelante en esta nueva gestión de la Seguridad Ciudadana. Desde lo sociológico, y esto incumbe a la sociedad toda; la ciudadanía en general acostumbrada ya a la vida democrática, espera que los cambios traigan nuevas esperanzas para sus necesidades, no solo en materia de la prevención y la seguridad en general, sino también en lo que se refiere a las relaciones existentes, o a forjar, entre la sociedad y la policía en general. Desde lo institucional propiamente dicha, ello generaría la movilidad ascendente de todo el bloque vertical de los grados jerárquicos, con el consecuente beneficio de todo el sistema, provocando un mayor compromiso de todos los que se hallan en los niveles inferiores, de que con su esfuerzo y trabajo responsable es posible alcanzar las metas tanto de lo institucional como de lo particular; en otras palabras produce una sinergia entre el sujeto y la organización misma.
          De hecho, existe una ética profesional policial, que debería incidir en la decisión de cada uno de los integrantes de la Conducción Superior de evitar su apego, o por decirlo de otro modo más eufemístico, que se “atornillen” al cargo, sabiendo que una vez cumplido su ciclo de mando deben dejar espacio para los que pujan desde los niveles inferiores; no porque no sean capaces  o idóneos en tal función sino porque la dinámica institucional así lo exigen. Lo contrario generaría el estancamiento de los mismos, y su consecuencia lógica, el inicio de una sensación de dejadez en todos los niveles inferiores, es decir escaso compromiso con la función, dado que no es reconocida su labor, como ya se expresara párrafos arriba.
          Sin embargo, debemos aceptar que la ética profesional policial o deontología no siempre genera en el ánimo de los sujetos una obligación de desprendimiento de los cargos, muchas veces ciertos elementos hacen lo imposible, ya sea a través de tráficos de influencias, acomodamientos de orden políticos, injerencias de amistades políticas, etc., de buscar de algún modo su continuidad, sin pensar en los subalternos, que en definitiva son sus colegas policías, que merecidamente les corresponde cumplir con sus metas personales.
          No entraremos a juzgar la competencia de los que hasta hoy han sido nombrados para realizar la gestión de la seguridad, ya que ello tiene que ser analizado en su contexto, pues nadie que se precie un auténtico profesional de la seguridad sabe que en soledad no puede hacer nada sino es acompañado por un equipo profesional. Por lo tanto, el equipo profesional sin duda está integrado por los escalones inferiores que tienen verdadera competencia y profesionalismo, que han coadyuvado a tales tareas, por lo que sin duda pueden reemplazar a los que hasta hoy ocupaban los cargos de dirección o conducción superior.
          Esperamos que los decisores políticos hayan tenido en consideración estos aspectos y factores que inciden en la organización policial, tomando las decisiones más adecuadas en lo que se refiere al “recambios institucional”,  designando y nombrando a nuevos hombres para que los acompañen en la gran responsabilidad de brindar una función indelegable del Estado, cual es la de la Seguridad Pública y Ciudadana en General.
           
         



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